jueves, 28 de enero de 2016

Un sonido llegado de no se sabe dónde



Nuestro planeta encierra numerosos misterios sonoros que la ciencia aún no ha sido capaz de explicar.

Por M. A. Sabadell

zumbidos

Imagine que está paseando por una de esas playas vírgenes, para nada machacadas por el turismo, o por un acantilado de los que tenemos en el Cantábrico y, de pronto, escucha como un cañonazo que viene del cielo. No hay duda que se sobresaltará, pero no piense que está ante el anuncio del Juicio Final. Por cierto, eso solo lo entendería el 30% de la población mundial, que es la que se declara cristiana; para el 70% restante, las trompetas del apocalipsis le traen literalmente al pairo.

La cuestión es más peliaguda de lo que pensamos. De esas explosiones que los franceses llaman mistpouffers, los italianos marina o brontidi, uminari en Japón o retumbos en Sudamérica, y que suelen escucharse por las costas de medio mundo, desconocemos prácticamente todo. Se piensa que deben estar relacionadas con el mar pues es habitual escucharlos en las zonas costeras, pero también se oyen en el interior. Tenemos referencias a esas explosiones desde finales del siglo XIX y sigue sin haber una explicación.

Pero no es el único sonido que viene del cielo. A veces no se escuchan explosiones sino cosas como esta en Canada, o esta en Alemania. Es el llamado zumbido, un sonido de baja frecuencia que no todos podemos escuchar. Y no en cualquier sitio: solo en barrios tranquilos y zonas rurales. Uno de los más famosos es el zumbido de Taos, en Nuevo México. Este inquietante sonido tiene una frecuencia entre 32 y 80 Hz, y solo es audible para el 2% de la población. 

Pero de todos los misteriosos sonidos que podemos escuchar por el planeta ninguno es más hipnotizador que las arenas musicales de algunos desiertos: sonidos de cuernos, campanas, gruñidos incluso ladridos. Aunque hay algunas explicaciones -en este vídeo se explica cómo 'crear' ese sonido si localizas una 'duna cantante'-, nadie ha podido explicar convincentemente lo que hace que en un lugar suene como un ladrido y en otro como la flauta del dios Eolo. Las arenas musicales representan un peculiar (y nada estudiado) subproducto de la geología.

Todos estos son unos pocos ejemplos de los misterios sonoros que encierra nuestro planeta.

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